lunes, 4 de agosto de 2008

:::pensamiento crítico/pensamiento constituyente

franco ingrassia
01.
Comencemos por describir al pensamiento crítico tal como lo conocimos. Es decir, a la crítica como subversión.

02.
Hasta hace no demasiado tiempo, nos movíamos en situaciones que considerábamos saturadas de ordenamientos. Nuestra percepción de las mismas se apoyaba en la idea del predominio de la consistencia sobre la inconsistencia, de la estabilidad sobre la inestabilidad.

03.
Sin embargo, no le concedíamos a esta estabilidad predominante el estatuto de orden natural, sino que nos habíamos entrenado en ver en ella el resultado contingente pero perdurable de las luchas, el producto de un sinnúmero de batallas estratégicas. El poder predominaba. Pero no sin resistencias.

04.
De hecho, la estabilidad nunca podía prescindir de los procedimientos continuos de estabilización. Estas microprácticas de sujeción, que con Foucault aprendimos a llamar disciplinas, eran las que de forma incansable mantenían más o menos estables las articulaciones entre “los cuerpos, los nombres, las tareas y los lugares.” (La expresión es de Rancière.)

05.
Cada proceso local de estabilización era, a la vez, una ocasión de subversión. El pensamiento crítico se materializaba en procedimientos de desestructuración. Su labor era analítica: de lo que se trataba era de descomponer las articulaciones que las disciplinas producían.

06.
Enemigas de toda consistencia, las estrategias de la crítica se concentraban en esta operación de desmontaje. El desordenamiento de las articulaciones establecidas era el trabajo crítico por excelencia. La crítica demolía. (O al menos lo intentaba.)

07.
Así pensábamos. Así militábamos. Y así fue como la segunda mitad del siglo XX fue testigo de la emergencia de potentísimos movimientos sociales de desestructuración de las relaciones entre trabajo y capital, entre hombres y mujeres, entre campesinos y terratenientes, entre jóvenes y adultos, entre incluidos y recluidos, entre naciones ricas y naciones pobres, entre locos y cuerdos, entre naturaleza y sociedad. Potentísimos movimientos críticos que conmovieron las bases de la sociedad disciplinaria, forzando una mutación radical en el diagrama del poder: el pasaje a nuestras sociedades de control. Una mutación que podríamos pensar en términos de profunda alteración de la ontología de lo social.

08.
La palabra clave de esta alteración es “dispersión”. El poder se vuelve postestructuralista. No opera ya por fijación sino por modulación de recorridos “libres”. El capital financiero (es decir el movimiento incierto del capital) hegemoniza al capital productivo (es decir, el movimiento predecible del capital). Esta nueva lógica no necesita del predominio de la estabilidad sino de la inestabilidad generalizada, es decir, de la dispersión. La ausencia de fricción que permita activar, por modulación y de forma inmanente, los procedimientos de morfogénesis que mejor se adecuen, en cada momento, a “las inciertas demandas de un mercado cambiante”.

09.
Alteración ontológica: del predominio de la estructuración a la dispersión como presupuesto. Pura deriva no reglada de los cuerpos sólo intermitente y fragmentariamente compuestos según inestables circuitos productivos que no permiten ninguna previsión.

10.
Pensar en la dispersión (en el doble sentido de la expresión) significa alterar también de raíz la imagen de lo que concebíamos como pensamiento. Si el pensamiento crítico era un pensamiento deconstructivo, las resistencias contemporáneas hoy elaboran un nuevo constructivismo inmanente centrado mucho más en la producción de nuevas formas de lazos comunitarios en contextos de dispersión que en la desestructuración de las formas cohesivas flexibles y autodesmontables del poder.

11.
Si en la era disciplinaria de lo que se trataba era de desplegar un crítica a nuestras condiciones de existencia, en la era contemporánea nuestra tarea es la de constituir modos de vida (es decir, subjetividades) que logren suspender nuestras condiciones de inexistencia.

12.
La crítica, de todos modos, no queda totalmente abandonada. Gana un nuevo lugar como momento táctico dentro de las estrategias constituyentes. Así como las estrategias críticas precisaban de la constitución de las máquinas de guerra que permitiesen efectuarla, muchas veces, en medio de las experiencias contemporáneas de producción de subjetividad, emergen obstáculos específicos que deben ser desmontados. Los procedimientos críticos actúan allí al servicio de la actividad constituyente.

13.
La enigmática irrupción de la dispersión desarticula significativas porciones de nuestros esquemas de pensamiento heredados: entre territorialización y desterritorialización, autonomía y heteronomía, poder y resistencia, capital y trabajo, estructura y acontecimiento nos vemos forzados a acostumbrarnos a ver emerger este problemático tercer término (que no es acontecimiento, ni inconsistencia, ni vacío ni mucho menos negatividad). La dispersión caotiza los juegos hasta ahora jugados y vuelve sus reglas completamente difusas, presentándose ante nosotros como un auténtico desafío de pensamiento. ¿Con qué conceptos, de acuerdo con qué lógicas, a partir de qué hipótesis podremos pensar en la dispersión?

14.
Creemos que es posible reactivar, sin embargo, algunas orientaciones clave. Señalemos algunas: La invención, por parte de Marx, de un materialismo no-contemplativo. La concepción spinoziana de la potencia como encuentro de los cuerpos con aquello de lo que son capaces. La apuesta de Castoriadis por un proyecto de autonomía. La investigación, en el último Foucault, de las formas de plegamiento de las fuerzas sobre sí mismas, es decir, de los dispositivos de subjetivación.

15.
Materialismo, potencia, autonomía y subjetivación que resuenan, para nuestros oídos, en la propuesta zapatista de no intentar transformar el mundo sino, simplemente, construir uno nuevo.

f.i.
Octubre del 2004